Ante el desafío urgente de hacer un planeta sustentable

¿Qué consecuencias tiene la entrada en vigencia del Acuerdo de París? Ernesto van Peborgh lo explica en este artículo publicado en La Nación el 5 de diciembre de 2016

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El pasado 4 de noviembre entró en vigencia el tan dilatado Acuerdo de París para abordar los problemas del cambio climático. A partir de ahora, los gobiernos estarán obligados a tomar medidas para limitar en este siglo el aumento de la temperatura a menos de 2 grados centígrados con respecto a los niveles de la era preindustrial.

¿Qué implicancias tiene cumplir con el acuerdo? Existe consenso científico respecto de que, para permanecer por debajo de los dos grados que exige el acuerdo, los humanos podemos emitir solo 565 gigatones más de dióxido de carbono a la atmósfera. Para tener una idea de proporciones y de lo que esto significa, tomemos en cuenta que un gigatón equivale a 1.000.000.000 de toneladas y que solo durante la última década quemamos 321 gigatones de combustibles fósiles. Tomando en cuenta estas cifras, hay cierta urgencia para resolver el problema ya que si seguimos al ritmo actual, en 17 años habremos quemado esa cantidad. Sin embargo, su resolución es muy compleja.

John Fullerton, fundador y presidente del Capital Institute, dio la primera alerta al publicar recientemente un estudio en el que afirma que en los balances de las empresas energéticas y en los activos de los gobiernos, quedan reservas por 2.795 gigatones, es decir, cinco veces más petróleo, carbón y gas del que podemos quemar. Calcula que estas reservas están valuadas en 28 billones de dólares. También argumenta que para cumplir el Acuerdo de París y limitar las emisiones de gases de efecto invernadero, el 80% de esos recursos energéticos existentes, contabilizados en los balances de las empresas y gobiernos, nunca deberían usarse y deberían quedar bajo tierra. De modo que poner en práctica el Acuerdo de París, ¡disparará un write off(pérdida) de 20 billones de dólares!

Si la crisis financiera de 2008 -relacionada con las hipotecas y las subprime- fue por 2,2 billones de dólares de incobrables, quitar definitivamente de los balances las reservas fósiles existentes por casi 10 veces ese valor dispararía una debacle financiera mundial. Y hoy no existe gobernante en el planeta que tenga el valor ni la fuerza política para enfrentar a todo el lobby petrolero del mundo y afrontar las consecuencias de tomar esta decisión. Comienza por lo tanto un período en el que nos debatiremos entre una crisis financiera de corto plazo y una debacle planetaria en el mediano plazo.

Para tener una idea del impacto que estas medidas tendrían a nivel nacional, YPF, por ejemplo, reportó recientemente un total de reservas de hidrocarburos de 1.395 mboe (millones de barriles equivalentes en petróleo). Calculando el precio por barril a 50 dólares, la aplicación de esta política generaría para la empresa una pérdida de 55.000 millones de dólares.

Imaginemos por un momento que logramos resolver las cuestiones políticas y económicas y conseguimos limitar las emisiones de combustibles fósiles en 565 gigatones. ¿Estaría resuelto el problema? De ninguna manera. Las emisiones de CO2 procedentes de la energía son solo una parte del total de emisiones antropogénicas.

Otra industria que es una gran emisora de gases de efecto invernadero y, por lo tanto, un driver fundamental del cambio climático, es la ganadera. Esta industria genera globalmente más emisiones de gases de efecto invernadero que los gases de los escapes de todos los vehículos del mundo combinados. Puesto en cifras, según la FAO, las emisiones totales provenientes de la ganadería mundial superan los siete gigatones de CO2 al año, lo que representa el 14,5% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero antropogénicos.

A nivel nacional, según el INTA, en la Argentina este sector contribuye con aproximadamente el 45 % del total de emisiones. De este total, el 52% (principalmente N2O) proviene del uso y manejo de los suelos agrícolas y un 46% de la fermentación entérica de los bovinos, en gran parte por el metano producido durante la fermentación que se genera al rumiar.

El metano tiene, además, una particularidad: como gas tiene un efecto invernadero 23 veces más poderoso que el dióxido de carbono. Una vaca de 500 kg de peso puede producir hasta 450 litros de metano por día, cifra que multiplicada por 1,5 mil millones de vacas a nivel mundial genera millones de toneladas de gases que son emitidos a la atmósfera. Queda claro que este nivel de emisiones no es sostenible. Es de esperar por lo tanto que la industria de la energía de combustibles fósiles y la producción de proteína animal, tal como la conocemos, sufran en un futuro próximo una modificación radical. En ambas industrias esta disrupción ya está ocurriendo, tanto en lo político como en lo tecnológico. En la industria energética, más de 600 organizaciones -incluyendo gobiernos, fondos de pensión y órganos académicos-, ya retiraron más de 3,4 billones de dólares en fondos de inversión de compañías y procesos que utilizan combustibles fósiles.

Dinamarca asumió recientemente el compromiso de dejar de usar combustibles fósiles para 2050 y este año, Costa Rica logró durante 76 días consecutivos abastecer la totalidad de su red eléctrica exclusivamente con energía renovable.

Tecnológicamente, las alternativas de reemplazo se están haciendo cada día más competitivas: en la última década, el precio de paneles solares, por ejemplo, disminuyó siete veces y se cree que en 2020 podría estar debajo de U$ 1.00 por watt. Con sus proyectos de SolarCity y Tesla Motors, el inventor y físico sudafricano Elon Musk está demostrando que el cambio es posible y que el abastecimiento solar será más rápido de lo imaginado.

En la industria ganadera se están dando procesos similares tanto en lo político como en lo tecnológico. En un esfuerzo para evitar el calentamiento global, el gobierno chino ya esbozó un plan para reducir el consumo de carne de sus ciudadanos en un 50%. En cuanto a los avances tecnológicos, en los últimos tres años hemos visto la aparición de "carne cultivada" que casi no genera emisiones de gases de efecto invernadero. La primera hamburguesa de carne cultivada fue creada por el doctor Mark Post en la Universidad de Maastricht y se presentó a la prensa en Londres, en agosto de 2013. Era de carne "de verdad" pero creada en un laboratorio a un costo de U$ 325.000. En una entrevista con el ABC de Australia, Post anunció que en menos 10 años esa hamburguesa será competitiva en precio con la carne tradicional y que en una prueba ciega nadie podrá determinar la diferencia.

Las próximas dos décadas serán de cambios profundos, tanto políticos como tecnológicos, pero sobre todo de conciencia. Debemos asumir que estamos en una nueva era geológica, el antropoceno, donde los seres humanos somos la mayor fuerza de impacto sobre el planeta. Nuestro compromiso debe ser restaurador y sustentable.

Si somos capaces de regular la temperatura del planeta y desarrollar procesos tecnológicos que seguramente en el pasado nos parecieron inimaginables, debemos ser capaces también de gerenciar sustentablemente este planeta para las generaciones futuras.

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Ernesto van Peborgh

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