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Sobre MOOCs: Del E learning al Open Learning

Por Ernesto Van Peborgh  | Publicado en  LA NACION 

 

En agosto de este año, creyendo que me convertiría en un adelantado de la capacitación online, me registré en un curso de introducción a la sostenibilidad de la Universidad de Illinois. Para mi sorpresa no estaba solo: compartí el aula virtual con 26.000 estudiantes de todo el mundo.

El curso era un MOOC, un curso masivo, abierto y online (massive online open course), la nueva forma de educación virtual brindada por las más prestigiosas universidades, una tendencia que está revolucionando la educación.

Los MOOC se suman a la misión de “proporcionar una educación de alta calidad a cualquier persona, en cualquier lugar”, tendencia iniciada por la Khan Academy en 2006. Frente a las tecnologías de la información, las universidades se vieron obligadas a repensar lo que significa enseñar y aprender en un mundo en red.

La evolución de los MOOC es exponencial: en los últimos meses estos cursos atrajeron a cientos de miles de participantes a nivel mundial. Entre los más exitosos se encuentran edX, un proyecto de la Universidad de Harvard y el MIT que ya tiene 370.000 estudiantes registrados, y Coursera, fundada en enero de 2012, que sobrepasó los 1,7 millones de estudiantes registrados y crece más rápido que Facebook.

Durante las ocho semanas, el MOOC del que participé tuvo una dinámica semanal, sustentada en tres o cuatro videos breves e interactivos, dos o tres lecturas descargables, una participación en foros de discusión y un examen.

Los altos niveles de participación se vieron reflejados en la apertura de 679 foros temáticos, algunos de los cuales resultaron verdaderas comunidades de aprendizaje.

Desde el inicio, nos movilizaban a los participantes a compartir nuestros conocimientos y perspectivas. Tanto que para mi sorpresa durante la primera semana el profesor me contactó vía e-mail para informarme que estaba participando poco y me sugirió interactuar, aportando en cuatro foros temáticos. Mi primera reacción fue: “¿Cómo se dio cuenta?, ¿cómo distingue mi accionar entre 26.000 alumnos?”

La respuesta está en las herramientas de la Web, que posibilitan una inteligencia de la información inédita, permitiendo al profesor conocer cada una de las acciones de sus alumnos: si asisten a los videos, participan en foros o descargan las lecturas. También ranquear a los más activos, identificar a quienes se conectan, con quién y alrededor de qué temas, cómo se construyen conclusiones, consensos y un conocimiento colectivo.

Surge en consecuencia una nueva categorización del alumnado según sus perfiles: activadores, influyentes, conectores, consumidores pasivos o activos. También un conocimiento que ya no proviene de los expertos y de fuentes de saber, sino que es activado por los docentes, se construye en reservorios y fluye por la red a partir de la hiperconectividad que proveen los medios sociales para conformar verdaderas comunidades de aprendizaje.

Los MOOC son una evolución del e-learning, donde el aprendizaje adopta la lógica de las redes y la capacitación se aleja de la experiencia individual de un público pasivo que recibe información estática y de una sola vía, para convertirse en una experiencia colectiva y multidireccional.

¿Cómo podrán las empresas aprovechar esta tendencia? Aplicados en su ámbito, los MOOC permiten que miles de empleados distribuidos en diversas zonas geográficas reciban las más variadas capacitaciones de una manera eficaz, simple, atractiva y con una considerable reducción de costos.

Estas nuevas metodologías de aprendizaje social y abierto poseen un valor estratégico adicional: al poner en red a los empleados alrededor de un curso, se conforman comunidades de aprendizaje donde surgen nuevas ideas y el conocimiento de los individuos emerge, fluye y la empresa puede aprovecharlo como un capital diferencial y competitivo.

Incorporar los MOOC supone para las empresas iniciar un proceso de cambio de infraestructuras, pasando de los tradicionales LMS (learning management systems) a estas nuevas herramientas, más ágiles y colaborativas. Aunque tal vez, el aporte más importante es ayudarlas a iniciar un proceso de cambio cultural que les permita adoptar la lógica de las redes, estar más abiertas y prepararse para gestionar el enorme caudal de conocimiento que potencialmente se pondrá en circulación..

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