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Compartim: un caso de cultura colaborativa

En catalán, “compartim” quiere decir “compartimos”. Ese es el nombre que recibió el programa de gestión del conocimiento y trabajo colaborativo del Departamento de Justicia de Cataluña, en el que han participado más de 800 personas organizadas en “comunidades de práctica” desde su creación en 2005. ¿Qué es una comunidad de práctica? ¿Cuáles han sido los logros de este programa?

Comunidades de práctica
Una comunidad de práctica es un grupo de personas que se unen para resolver juntos un problema en común y/o desarrollar un conocimiento sobre un tema de interés.
La comunidad de práctica es una metodología que precede a las tecnologías colaborativas de Internet, pero que es potenciada por la posibilidad que tenemos hoy de crear entornos virtuales de creación colectiva. Mediante la interacción continua, los miembros de una comunidad de práctica profundizan su conocimiento y pericia en el tema.
Uno de los principales teóricos de esta metodología es Etienne Wenger, experto en “social learning” y autor del libro Communities of Practice: Learning, Meaning, and Identity (1999).

Según Wenger: “Las Comunidades de Práctica son grupos de personas que comparten una pasión sobre algo que saben cómo hacer e interaccionan de forma regular para aprender cómo hacerlo mejor. Las Comunidades de Práctica están formadas por gente que se compromete en un proceso de aprendizaje colectivo en un dominio compartido: una tribu aprendiendo a sobrevivir, un colectivo de artistas buscando nuevas formas de expresión, un grupo de ingenieros trabajando en problemas similares, una camarilla de alumnos definiendo su identidad en la escuela, una red de cirujanos explorando técnicas nuevas, un encuentro de gestores noveles ayudándose mutuamente a desarrollar” (Wenger, 2006).

Según el marco elaborado por Wenger, las CoP suelen poseer un núcleo duro, entre 6 y ocho personas, y un moderador o facilitador, responsable por dinamizar la comunidad. Alrededor de este núcleo existe la llamada comunidad periférica, que no debería exceder las 150 personas. También existe como rol importante el de coordinador  o sponsor, quien funciona como enlace entre la CoP y la estructura organizativa. También se puede sumar el rol del experto, una persona que no es miembro de la comunidad pero es invitada a resolver dudas técnicas puntuales.

En el caso de Compartim, esta metodología fue aplicada combinando instancias de participación presencial y virtual. En “Trabaja diferente”, Jesús Martínez Marin enumera algunas dificultades con las que se han encontrado:

  • Bajo nivel de participación de la “comunidad periférica”. En muchos casos, apenas se dedican a consultar sin hacer aportes. El problema, según Martínez, es que salvo algunas excepciones, en la mayoría de los casos no estaba clara cuál era la motivación para los empleados a compartir y colaborar en este ámbito.
  • Alta exigencia colocada en el rol de e-moderador.
  • Falta de recursos técnicos (ancho de banda, computadoras para todos los empleados, entre otras).
  • Falta de tiempo de los empleados para participar.

En la experiencia de Compartim, las comunidades más exitosas han sido aquellas en las cuales sus miembros se unían para resolver un problema acuciante. Según Martínez Marin, en un contexto de cambios veloces, en el cual el conocimiento que las personas necesitan para trabajar pierde vigencia rápidamente, los empleados encuentran una alta motivación para construir colectivamente nuevos saberes.


Buenas prácticas

1. Establecer una metodología para la transferencia del conocimiento, a través de jornadas presenciales y boletines virtuales.
2. Alentar que las CoP elaboren documentos donde se consolida el conocimiento y se comparte.
3. La selección de un moderador  para cada comunidad. Debe ser alguien interno a la organización y poseer, entre otras, las siguientes características y competencias:

  • experto en la temática de la comunidad,
  • ser un curador de contenidos sobre esa temática,
  • estar disponible, presencial y virtualmente,
  • tener dominio de las TIC
  • ser auténtico y transparente,
  • ser un conector y retroalimentar la participación de los miembros de la comunidad.

4. Involucrar a la dirección de la empresa u organización.
5. Empezar modestamente, con un grupo pequeño. Según el citado estudio, comunidades de más de 150 personas tienden a fracasar.
6. Empezar al comunidad con una reunión presencial donde se discutan cuáles son los problemas y objetivos comunes que se buscarán resolver.

La importancia de los “lurkers”

En el mismo estudio, Dolores Reig dedica un apartado a describir la importancia de los “lurkers”, es decir, aquellos que forman parte de una comunidad pero tienen un nivel de participación muy bajo. Existe según varios autores algo llamado “participación legítima periférica”,  una forma de participación latente que puede volcarse al centro en un momento determinado. Estos lurkers que en apariencia no hacen nada, en realidad estarían aprendiendo y en algunos casos, conectando la comunidad con otras comunidades. Es decir, tal vez tengan un rol pasivo en nuestra comunidad, pero funcionan como conectores con otras comunidades.

Seguir leyendo
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Conoce más sobre Comunidades de práctica
Visita el blog de Jesus Martínez Marin Trabajo colaborativo en red
Lee el libro “Comunidades de práctica: una metodología para desarrollar, construir y fortalecer redes de conocimiento” (2012), de Salido Rojo, María Jesús. Link.

Participá

¿Has sido parte de una comunidad de práctica? ¿Cómo las herramientas digitales facilitan la colaboración? ¿Cuáles han sido las barreras que ha enfrentado tu proyecto?

Una respuesta a “Compartim: un caso de cultura colaborativa”

  1. [...] algum tempo, Maria Noel Alvarez compartilhou conosco o conceito de Comunidades de Prática, introduzido pelo  programa de gestão do [...]

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