Tuesday 15 December, 2009...3:26 pm
Cambio Climático: Copenhague, quizás la última oportunidad histórica.

¿Y si perdemos nuestra oportunidad histórica?
Es posible que Copenhague no solo termine el viernes en un estrepitoso fracaso, sino que también pase a la historia como una oportunidad única desperdiciada, aquella a partir de la cual el mundo podría haber creado una nueva consciencia global.
La atención que capta hoy Copenhague presenta las condiciones para ideales para generar ese gran cambio: Esta semana los ojos del mundo están en la capital danesa donde los líderes de 100 Naciones, los científicos mas brillantes y los líderes del emprendedorismo social y ambiental han viajado para intentar definir como sobrevivimos a nosotros mismos.
Un hecho único en nuestra historia, que poco parece impactar en el consciente humano colectivo. (aún cuando mas de 5,000 periodistas de todo el mundo están cubriendo este evento)
Y pareciera que no es por un problema de los comunicadores. Si bien la mayoría de los periodistas que viajaron a Dinamarca parecen enfocarse en temas secundarios (arrestos y manifestaciones) no logrando transmitir lo que es realmente importante, lo que esta en juego, de este lado, del lado de la audiencia, pareciera existir una barrera psicológica que impide el despertar de un interés genuino y masivo sobre este tema.
De acuerdo al consenso de la comunidad científica internacional – con el acuerdo tal como está planteado hoy en Copenhague- la actividad humana de las próximas décadas puede generar niveles de CO2 en la atmosfera capaces de aumentar la temperatura del planeta en cuatro grados centígrados.
En este escenario – afirman los científicos – la vida de cientos de millones de personas estaran en riesgo. Desaparecerán los glaciares claves y se secarán los ríos que abastecen de agua y vida a países enteros. Se reducirán los hielos de los polos inundando los mares borrando del mapa a las naciones isleñas y varias ciudades costeras. El amazonas, el pulmón del mundo, se convertirá en una Savannah.
Todo esto en las próximas décadas!! Durante nuestra vida, pero sobre todo, durante la vida de nuestros hijos y nietos.
¿Que nos sucede como individuos y como sociedad que este tema no logra interesarnos en absoluto?.
Cuando uno intenta plantearlo, incluso con empresarios exitosos y personas visionarias e inteligentes, el dialogo pareciera no pasar de un breve intercambio de frases. Como si estuviéramos hablando del clima, un tema introductorio a otra conversación.
A medida que me involucro más en este tema, que intento transmitirlo, me surge una duda: ¿no será que nuestro cerebro es incapaz de aceptar tamaña realidad.?
Tal como los indios americanos no podían ver las naves de los primeros colonos, la humanidad pareciera no poder asumir la realidad climática de las próximas décadas. No logramos disparar los procesos de aceptación y racionalización necesarios para actuar. Pareciera que el entrenamiento de supervivencia que nos han inculcado siglos de reaccionar ante la inmediatez nos lleva a enfocarnos solo en peligros inmediatos. Nuestros genes parecen haber sellado nuestra mente a estímulos de baja saliencia y las consecuencias del cambio climático, por estar alejadas en tiempo y espacio, bajan en el listado de nuestras prioridades y no logran ser tomados como serias y reales.
Conversado sobre esto recientemente en Copenhagen con Jackie McGlade -jefa de la agencia europea medioambiental- (EEA) coincidimos que esto no solo es posible sino que es hasta lógico. Dado que el Cambio Climático para el común de los humanos no presenta aún un peligro inminente ninguno de nostros reacciona y se hace cargo.
La solución que ella ha encontrado para provocar un cambio inmediato en las personas, (y se dedica a hacerlo con o jefes de estado y lideres empresarios) es llevarlos en helicóptero al Glaciar de Ilulissat en Groenlandia. Este glaciar es uno de los que se derrite más rápidamente, y es allí donde “you see the World crumbling under your feet” (ves el mundo haciéndose migas bajo tus pies). (ver video)
Aparentemente la visión es tan fuerte que estas personas vuelven habiendo cruzado un umbral y a partir de ese momento se dedican a una nueva misión: La de salvar el mundo.
Está claro que no todos podemos volar en helicóptero a Ilulissat y por lo tanto nuestro problema aún sigue vigente: ¿como logramos que la humanidad se despierte a este tema lo antes posible?
Necesitamos encontrar la forma de comunicar este tema de una manera que pueda permear estas barreras existentes. Debemos derribar los preconceptos e ideologías de esta sociedad enquistada en el status quo. Debemos movilizar a la humanidad a entender las implicancias de sus acciones y el riesgo en el que esta colocando al planeta y así misma.
Quizás la primera barrera para derribar es una tendencia psicológica conocida como “la justificación de un sistema”. Partiendo de la negación y el autoengaño, las personas justificamos y racionalizamos el status quo, económico, político y social, convenciéndonos que el sistema imperante es justo, legitimo, aceptable, inevitable y natural y por lo tanto no hacemos nada ni por cambiarlo, ni por averiguar si lo que vivimos o creamos es lo mejor para nosotros.
Pero un día la realidad inevitablemente nos alcanza, la amenaza se vuelve inmediata y es allí donde reaccionamos. Lamentablemente, en este caso los costos de demorar nuestra reacción son demasiado grandes, estamos hablando de la perdida de glaciares, bosques, selvas, océanos, reservorios de agua potable y ecosistemas que son indispensables para mantener la vida de este planeta.
En psicología, el término resiliencia se refiere a la capacidad de los sujetos para sobreponerse a períodos de dolor emocional. Cuando un sujeto o grupo es capaz de hacerlo, se dice que tiene resiliencia adecuada, y puede sobreponerse a contratiempos o incluso resultar fortalecido por los mismos.
¿Tendrán nuestros hijos la resiliencia para enfrentar el mundo que se viene.?
¿Tendremos nosotros la capacidad para iniciar el cambio a tiempo y prepararlos para sobrevivir esos tiempos?
Si las propuestas de Copenhagen se mantienen como han sido presentados a la fecha, es probable que pasemos a la historia como aquella generación que pudo haber hecho algo y no lo hizo.
Es una lástima, ya que contamos con la tecnología, tenemos la inteligencia y tenemos la capacidad.
Esto es lo que descubrí en mi reciente viaje a Tällberg, Suecia. Descubrí que podemos hacerlo, que la sostenibilidad de la vida humana en este planeta es posible, pero que antes, la vida una vez más, nos plantea nuevo desafío como especie: La necesidad de unirnos para despertar a una nueva consciencia global que nos permita entender, reaccionar y resolver colaborativamente los desafíos que se avecinan en nuestro futuro.
Para ello mundo debe adquirir una nueva lógica, consciente, colaborativa y comunitaria . Quizás no estamos preparados para tomar las decisiones que precisamos tomar, pero ciertamente vamos en ese camino. Quedan tres días de Copenhagen… espero, y rezo para que logremos encontrar allí el disparador que nos permita ingresar en nueva era.


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