Sunday 14 June, 2009...10:23 am

La Web 3.0 el cambio que se viene.

Tree lean on Me Philipp Klinger
Al Gore logró lo que cientos de científicos y activistas intentaron por décadas sin éxito, instalar en el consciente colectivo el riesgo del calentamiento global. Su film, la verdad inconveniente no solo logró ubicar el tema en los medios sino que inauguró también una seguidilla de documentales que alertan sobre el curso de colisión del accionar humano. Estamos en vías de desestabilizar los sistemas físicos y biológicos del planeta, situación que a su vez podría desencadenar un desastre climático irreversible.
Home es un nuevo y maravilloso intento para advertirnos que la tierra esta llegando al limite de su equilibrio ecológico. Si bien nos seduce con imágenes maravillosas, y un dejo de optimismo, los datos que presenta son alarmantes:

  • El 20% de los hombres consume mas del 80% de los recursos del Planeta.
  • 5.000 personas mueren diariamente a causa de agua insalubre.
  • 1.000 millones de personas padecen de hambre y el mismo numero no tiene acceso a agua potable.
  • Más del 50% de los cereales comercializados en el mundo se utilizan como alimento para animales y agrocombustibles.
  • Trece millones de hectáreas de bosques desaparecen anualmente.
  • La temperatura media en los últimos 15 años ha sido la mas alta que jamás se haya registrado.
  • Uno de cada 4 mamíferos, una de cada 8 aves, un anfibio de cada 3 está en peligro de extinción. Las especies se extinguen a un ritmo 1.000 veces superior al ritmo natural.
  • Tres cuartos de los recursos pesqueros están agotados, en decadencia o al borde de estarlo.
  • El 40% de las tierras cultivables están degradadas.
  • Los gastos militares mundiales son 12 veces más altos que la ayuda para el desarrollo.

El film confirma con crudo realismo los tiempos cruciales que atravesamos y vuelve a plantear, al igual que todos los intentos anteriores, el dramático escenario que tenemos por delante: “la comunidad científica afirma que solo tenemos 10 años para cambiar nuestros modos de vida para evitar de agotar los recursos naturales y impedir una evolución catastrófica del clima de la Tierra.”
A través de Youtube, los realizadores nos piden (desafortunadamente termina hoy, pero está disponible en Amazon) a cada uno de nosotros a participar en un esfuerzo colectivo para sensibilizar al mayor número de personas posibles. Probablemente no exista mejor manera que la accesibilidad de Youtube para hacerlo. Es el canal mas directo a una nueva generación de jóvenes mas abiertos y sensibles. Más de un millón de personas vieron la versión en ingles y otros tantos en otros idiomas y es posible que un alto porcentual de ellos logren entender que el cambio climático es ya su realidad inminente y no la obsesión o paranoia de científicos y activistas.
“Entender es el 50% de la solución” afirma Bill Drayton, fundador de Ashoka,
pero, ¿que requiere el otro 50%? ¿Qué hacemos una vez que entendimos?
¿Podremos en unos pocos años cambiar la manera en que vivimos y nos relacionamos con este mundo?
¿Es posible modificar en una sola década la cultura ideológica que construimos durante más doscientos años, la cual nos ha llevado a perseguir el crecimiento constante sin considerar los impactos ambientales y sociales?
Upton Sinclair afirma que “es difícil lograr que el hombre entienda algo cuando su salario depende de que no lo entienda”. Si esto es cierto tenemos pocas posibilidades ya que la mayoría de nosotros nos alineados bajo el mismo modelo económico.
Es un interesante dilema, ya que si no hacemos nada, tampoco podremos recongelar la capa de hielos Antártica, reforestar el Amazonas, frenar los escapes de metano de la tundra circumpolar, ni volver a poner en circulación la corriente termohalina del atlántico norte.
No, no podremos.
Nuestro problema es que nos hemos convertido en la primera raza de personas sobre la tierra que ha perdido la necesidad práctica por el prójimo (McKibben). Hemos perdido el espíritu comunitario que nos ha permitido sobrevivir durante milenios. Lamentablemente, hemos logrando reemplazar nuestro instinto de supervivencia colectiva por un individualismo extremo.
El desenfrenado consumismo hacia el cual evolucionó Estados Unidos, la manifestación sublime de este modelo, ocurrió con tal velocidad y eficacia que logró arrastrar al resto de la humanidad a adoptarlo o anhelarlo. Y ahora, está tan instalado en las aspiraciones humanas, que suena imposible incluso imaginar una reversión de esta inercia, y mucho menos, su reemplazo por un modelo de consumo consciente y responsable.
¿Cómo logramos organizar una poderosa, rápida y consensuada acción colectiva en una sociedad tan individualizada?
La solución no es simple y no provendrá ni de Gobiernos y ni empresas, si surge, con la urgencia con la cual se necesita, surgirá de la esencia comunitaria innata en el alma del ser humano, hoy anestesiada por la fascinación material.
Una vez recuperada, siempre y cuando  logramos despertarla, esta esencia tendrá una monumental tarea, la de invocar la responsabilidad colectiva, consensuar una visión común y llamar al diseño de un nuevo sistema operativo (Hawken) bajo el cual la humanidad deberá funcionar hacia el futuro. Un nuevo paradigma de consumo y producción, un nuevo capitalismo, mas consciente, un nuevo modelo de desarrollo, sostenible.
Y es, entre las pocas soluciones posibles, donde Internet, en especial la Web 3.0, surge como la plataforma organizativa, comunitaria y social capaz de empoderar al ser humano hacia esta profunda acción colaborativa.
Existen hoy 1.500 millones de internautas. Un cuarto de la humanidad comienza a poblar redes sociales activas y comunidades de participación colectiva en lo que pareciera implicar la mayor “sociomorfosis” de nuestra historia. Facebook crece al ritmo de 600,000 personas por día, superando en numero de usuarios a los habitantes de Brasil, el quinto país más poblado del mundo. La sociedad digital comienza a sumarse a congregaciones que se potencian a través de la colaboración, la construcción colectiva y la creación participativa.
Los eventos que estamos presenciando están creando dinámicas que trascienden en millones de veces el poder de nuestras capacidades individuales, las mentes del mundo digital comienzan a unirse para formar un organizado mecanismo con el potencial de acciones inconmensurables.
Paralelamente, al momento que descubrimos que estamos llegado al agotamiento de nuestros recursos naturales, tenemos la fortuna de poder presenciar la ignición de un cambio de paradigma, la democratización de un modelo: la democratización del conocimiento, Wikipedia, de la filantropía, Kiva, la de la banca, Zopa, de la creación colectiva, Linux.

Hemos cruzado el umbral de una nueva era. Desafortunadamente avanzamos sin la suficiente comprensión de los complejos problemas que tenemos por delante. Contamos para enfrentarla con herramientas germinales, cuyos tiempos de desarrollo aún pueden contarse en días y que presentan, por lo tanto, aristas rudimentarias, ajustables y perfectibles. Pero así como Gutemberg debió tirar cientos de pruebas hasta lograr los impresos que cambiaron la historia, en este momento, minuto a minuto, segundo a segundo, están surgiendo millares de aplicaciones que invitan a la participación y adopción colectiva y si bien la mayor parte de ellas son desestimadas en el olvido, hay muchas que quedan, que pasan el filtro, el escrutinio de cientos de usuarios y son adoptadas para ser utilizadas por millones de personas que buscan mejorarlas y aplicarlas al saber, la socialización, la creación de comunidad y la movilización colectiva.

Internet es quizás el superorganismo que permita la creación de los vínculos y las redes sociales y económicas que nos permitan actuar, producir y pensar colectivamente con la celeridad que necesitamos. Quizás a partir de este fenómeno social que se consolida en la Web 3.0 podamos encontrar la consciencia colectiva que nos permita vivir en armonía con la naturaleza, con nuestra naturaleza y con nosotros mismos.

Foto Philipp Klinger

1 Comentario

  • Si esto sigue así, nuestro mundo terminará pareciéndose más a las visiones apocalípticas de Bradbury o de J. G. Ballard que al lugar donde querríamos que crecieran nuestros hijos… Es difícil cambiar cuando son precisamente los países más poderosos del mundo los que incumplen en forma reiterada los protocolos internacionales en materia de protección ambiental. Es de esperar que el cambio en el liderazgo político de los Estados Unidos conlleve un cambio en la actitud de ese país respecto al medio ambiente. Y también que países menos industrializados, como los nuestros, comprendan que el esfuerzo depende de todos y la culpa no es sólo atribuible a los “grandes”.

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