Thursday 17 April, 2008...5:04 am

La doble ironía de los biocombustibles


Los biocombustibles han sido presentados como la solución a los problemas del calentamiento global y la nueva panacea del desarrollo sostenible. La realidad resulta doblemente irónica, ya que estamos descubriendo que la producción de biocombustibles no solo incrementa las emisiones de CO2, sino que desencadena un dramático aumento de precios de los alimentos, poniendo en riesgo social y alimentario al menos 33 naciones donde los alimentos ocupan de la mitad a tres cuartos del consumo de las personas.
Según el Banco Mundial, con los granos necesarios para llenar un tanque de una 4×4, se puede alimentar a una persona por un año.
Los biocombustibles sugieron por la necesidad de brindar una respuesta a la enorme presión que reciben las industrias dependientes de combustibles fósiles (petroleras, automotrices) por su impacto en el medio ambiente. Es así que empresarios, lobbistas y gobiernos justifican los biocombustibles como una alternativa “verde” incentivando la producción de un combustible híbrido que permite a las empresas mantener un alto porcentaje de su negocio relacionado al petróleo, pero mostrar al mismo tiempo, cierta conciencia y preocupación por el planeta.

Sin embargo, el mundo está comenzando a darse cuenta que la producción de biocombustibles incrementa la demanda de tierra para producir los vegetales que luego se convierten en combustibles, aumentado la deforestación y destrucción de los bosques nativos. La quema y tala de árboles libera más dióxido de carbono que la utilización de petróleo tradicional e impacta de manera dramática en el calentamiento global.

Es un efecto dominó, donde la mayor demanda de insumos por parte de las plantas de biocombustibles genera un aumento del precio de las cosechas, y las tierra para cultivarlos, poniendo a los bosques nativos en una situación crítica: valen más talados que en pie.

Hemos llegado al punto en que en el Amazonas se talan árboles a un ritmo de 3.3 canchas de fútbol por minuto, equivalente a 18,200 Km. cuadrados por año.

En Malasia el fenómeno es aún más dramático: es tal la devastación de los bosques para plantar palmas para producir biocombustibles que ese país pasó del puesto 21 al tercer puesto como emisor de carbono producto de la deforestación.

Si buscamos el origen a esta concatenación de eventos, lo encontramos en las políticas norteamericanas que promocionan el etanol, producido a base de maíz y otros componentes, empujando el aumento de los precios de los cereales. El gobierno de Estados Unidos subsidia la producción de etanol por un monto 7,000 millones de dólares. Este incentivo llevó recientemente a los productores norteamericanos a producir más maíz en detrimento de superficies sembradas con otros cereales. La producción de maíz se incrementó en un 25% reemplazando a la soja. Esta menor producción de soja a la vez se tradujo en un aumento en su precio, que sedujo a productores ganaderos brasileros y argentinos a cultivarla en campos que antes eran dedicados engordar animales. Es así, que la ganadería se ve desplazada a áreas marginales y los bosques nativos deforestados.

De pronto por una combinación de necedad e ignorancia, hemos llegado a colocar los commodities a un record de precios histórico.

El precio del arroz es el mayor de los últimos 20 años y el del trigo está al doble del promedio de los últimos 25 años.

¿Como revertimos esta ecuación, cuando ademas de los subsidios norteamericanos, las proyecciones de inversiones privadas en biocombustibles superarán 100,000 millones de dolares para el 2010?

Fuentes y más información.

The Eonomist

Time Magazine

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