Friday 4 April, 2008...8:05 am
Yo protesto, vos protestás, él cambia
Fueron dos semanas espantosas. Primero, la mesa de Easy. Era linda, más linda que las otras mesas. Las sillas, mullidas. Respaldos altos. Lisitas.
Compré la mesa y cuatro sillas un miércoles por la tarde. No había nadie pero tardaron mucho en atenderme. Mucho. Después conseguí que alguien me ayudara. Subimos la mesa y las sillas desarmadas, en cajas cerradas, a un changuito, las pagué ($1100) y firmé una boleta de envío (costo del envío $36). Me dijeron que las cosas iban a estar en casa el sábado a la tarde. ¿A qué hora? Entre las 10 y las 16. Un buen margen de tiempo.
El sábado a las 13 llegaron los paquetes. Easy no te sube las cosas a tu casa: te las deja prolijamente en la puerta. Firmé el conforme y subí las cosas como pude.
Cuando abrí la caja de la mesa, la tapa tenía una gran rotura en un lado. Un agujero marrón claro en el que se asomaban las tripas de la mesa.
Llamé unas 17 veces ese mismo sábado. Hablé con Paulas, Josés, Hernanes y Marías que me dejaron en espera, me cortaron, me gritaron (yo también grité un poco). Me dijeron que no me iban a cambiar la mesa porque había firmado un conforme. Que debería haber revisado la mesa (¿abrir las cajas en la vereda?) antes de firmar. Grité un poco más. Me dijeron que bueno, que el lunes me la mandaban.
El lunes, nada.
Nada.
A última hora, llamé de nuevo y por fin conseguí que la encargada de envíos me dijera que nadie había anotado mi reclamo, que me habían “tomado el pelo” y que al día siguiente me enviaban una mesa sana. Y que, después de haber revisado el stock, habían notado que todas las mesas estaban falladas. Salvo una, que ahora está en mi living.
Después fue Semana Santa y el caos en Retiro. El micro San José, de la empresa Flechabús, tenía que salir a las 8.05 de la mañana. A las 8 y media seguíamos ahí. Y a las 9, 9.30, 10 y 10.30. Los empleados de ventanilla maltrataron a la gente. No dieron información precisa. Mintieron. Pedí el libro de quejas y se quejaron, pero me lo trajeron.
Escribí un largo mensaje. Fui hasta la oficina de la CNRT e hice una denuncia.
El micro llegó a las 10.40. Emprendimos viaje. A las dos horas se rompió el aire acondicionado y el micro se volvió un sauna irrespirable. Paramos en San Nicolás. Seguimos sin aire. Seguimos hasta Rosario y en el medio de la autopista hicimos trasbordo a otro micro. Cambiamos los bolsos. Subimos.
Este micro estaba mucho más limpio.
El teléfono no funciona. Internet se corta. El subte está suspendido. El tren no pasa. ¿Qué se hace cuando el mundo parece estar en contra nuestro?
Protestar.
Como alternativa a los canales oficiales de reclamos, hay blogs y sitios que escuchan, reproducen reclamos y asesoran a los consumidores.
Ya no tenemos que quedarnos callados, ni dejar que las empresas decidan sobre nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestra paciencia. El nuevo poder está en las redes.
David de Ugarte, gurú 2.0, dice que “El ciberactivismo, como hijo de la cultura hacker, se reitera en el mito del hágaselo usted mismo”. Lo bueno es que no hace falta ser ciberactivista para protestar. Basta con estar cansado de que nadie nos escuche.
¿Alguna vez quisiste protestar por algo y no supiste cómo ni dónde hacerlo?
Bonus track:


Imprimí estos carteles para ayudarte a recordar cómo separar la basura.
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3 Comentarios
April 4th, 2008 at 7:06 pm
Muy bueno y útil sobre todo!
Hace un rato me tomé un colectivo y la señora que estaba adelante mío, muy enojada increpaba al conductor porque un viaje de 15 cuadras costaba $1,20.
Su indignación era comprensibe, pero estaba pidiendo explicaciones del por qué del valor del boleto al chofer. No pude con mi genio y me metí en la discusión, le dije que para que su queja sirva se dirija al CNRT, porque el señor poco tenía que ver con esa cuestión.
Mala idea, la pobre señora terminó puteándome a mí también.
Tendríamos que aprender a protestar, porque a veces gastamos energías en lugares equivocados.
April 5th, 2008 at 8:38 am
Gran verdad, la gente, sin duda, andá con una energía bastante negativa por la ciudad. Pero ya que se trata de quejarse, puedo listar mis empresas/servicios más detestados:
1. Pinolandia (un negocio de muebles de pino en Alvarez Thomas al 2200, se deberia llamar Trucholandia.
2. Telecom/Arnet. Me curraron 50 pesos.
3. Movistar. Me cobraron dos veces el mismo aparato celular y me metieron de prepo el Plan Comunidad. Dediqué varias llamadas a resolverlo.
4. HP. Compre una impresora y nunca anduvo. Finalmente, ayer me dieron una nueva, pero tuve que ir personalmente, ya que el horario de entrega de ellos era de 9 a 18, sin especificar ni remotamente una franja horaria mas precisa.
5. Fibertel. Por todo que le me costó que pusieran el amplificador en la terraza del edificio.
November 7th, 2008 at 8:05 am
Disculpas. Yo no estoy de acuerdo. Las quejas en internet no sirven para nada. Los blog del tipo “Viaje como el orto” son pools de quejas, que al cabo sirven para el desahogo y nada mas. Nada cambia. Nadie se organiza pra hacer boicots o para hacer algo al respecto. Para cada uno de nosotros es mas facil escribir un texto de queja, que levantar el culo de la silla, dejar internet y salir a protestar por las cosas que consideramos que estan mal. Yo les digo, y es algo que vengo pensando desde hace un tiempo: sentado en una silla con el monitor enfrente todo el dia, no va a venir ningun cambio. Nuestra voz está cada vez mas acallada. Diganme sinceramente: A quien carajo le importa que haya un grupo en Facebook quejandose de algo? es un completo placebo. Es algo para que nos quedemos tranquilos de que algo se está moviendo. Y la verdad es que es como un juguete que te dan para que no jodas, igual que a los chicos.
Yo protesto, vos protestas, nada cambia
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