Tuesday 18 March, 2008...4:08 am

Próxima Estación: ¿?

Subtes de diferentes capitales

Una noche, hace unas semanas, tomé en el Obelisco el subte D. Casi todos los que viajaban eran hombres que volvían de sus trabajos, con camisas sucias y corbatas aflojadas. Yo me quedé parado al lado de uno que hablaba por teléfono. En la estación Callao subió un pibe que me llamó la atención, porque inmediatamente después de subir, dio media vuelta y se quedó mirando la puerta, mientras con los dedos daba una serie de golpecitos al pasamanos: tic, tic, tac… tic, tic. En eso el que hablaba por celular acerca su cabeza a la mía (yo ya desconfiaba, la idea de “espacio personal” cobra mucho sentido en estas situaciones) y en medio de su conversación me dice bajito: “Guarda que este es chorro”. Inmediatamente empecé a mirar con más atención al pibe: pantalones anchos con un efecto como nevado y un gran dragón bordado en unos de los bolsillos de atrás, campera de jogging, algunas mechones más claros en el pelo.. tratando de comparar estas señales con estereotipos, con cosas que ví en la tele, principalmente.

El tipo seguía hablando por teléfono, me miraba y trataba de explicarse mejor sin dejar nunca de hablar por teléfono, yo, que llevaba la notebook en la mochila, me apoyaba contra la puerta e intentaba asegurar los bolsillos sin levantar sospecha, preguntándome si el tipo estaría loco. El tren llega a Facultad de Medicina, el pibe se baja, yo respiro aliviado, pienso que sí, que el tipo está completamente loco. Entonces todo pasa en un segundo: el que hablaba por teléfono grita “Eeeehh! qué hacés?” y se abalanza sobre la fila de asientos, yo lo sigo corriendo sin entender ni pensar en nada. Cuando me quiero dar cuenta, estamos los dos agarrando al pibe, que desde afuera, por la ventana, intentaba alcanzar el celular de una chica. Las puertas se cierran y el tren comienza a andar, el pibe se desespera: “Soltame, soltame, por favor”, yo lo tengo de la campera apenas , el tipo creo que del cuello, miro alrededor buscando el botón rojo que detiene el tren: no está, no hay letrero, nunca está, sólo cuando uno está sentado y busca qué leer alrededor. “Soltaaaame!”, se acerca la pared con la que termina la estación, el tipo trata de hacer que el cuerpo del pibe entre por la ventana con un movimiento que desafía toda física, es imposible, yo lo solté hace un ratito, miro por primera vez sus ojos, le pido que lo suelte. Nadie entiende nada, pasa la pared, lo soltó, todo el mundo mira. El tipo dice: “este mismo me trató de robar a mí ayer, en este misma estación”. La chica está muy pálida, imagínense: un segundo estás con tus auriculares, escribiendo un mensaje en tu celular, el siguiente tenés dos tipos gritando encima tuyo.

Rápidamente alguien se acerca con una botellita de agua, me doy cuenta que me raspé todo el codo con la pared, nada muy grave. El tipo me dice: “casi lo agarro, faltó nada”, como agradeciéndome la ayuda. Apenas si puedo respirar. Una señora sugiere llamar a la línea de emergencia, asterisco nosecuánto, de repente tengo 3 celulares en las manos y personas que me dictan números, corrigiéndose entre sí. El tipo ya se comunicó: agitado le cuenta a la operadora lo que pasó, que manden a alguien, que el pibe está en Facultad de Medicina, lo describe brevemente, la descripción es diferente a la que yo habría hecho, la gente aporta datos al tipo mientras habla: campera adidas.. ¡azul con blanco! pelito teñido, sí. Entonces el tipo cambia la cara y la voz: “¡¿Cómo?! ¡Manden a alguien, viejo! Les digo que está ahí ahora, se acaba de bajar”. La conversación se hace más larga de lo que todos esperábamos, ya casi llegamos a la otra estación, el tipo alterna sarcasmo con desesperación, por momentos parece que va a llorar. “Cóm.. la línea E? ¡No puedo ir a la línea E! ¡El pibe está ahí AHORA!”. Sigue hablando un rato, corta, explica mirándome que hay que ir a hacer la denuncia a la estación Boedo de la línea E, es lejos, en la otra dirección, no tiene sentido, la gente enloquece, empiezan a contar otras experiencias, el tipo transpira.

Supongo que todo el mundo tiene alguna de estas historias, sólo es necesario usar frecuentemente el transporte público. Ni hablar de los trenes: si conocen a alguien que viva en zona sur y viaje en el Roca, pueden preguntarle y les aseguro que escucharán todo un abanico de relatos que va desde vendedores insólitos y pervertidos sexuales a robos, asaltos masivos, personas que enloquecen, multitudes que enloquecen. Fuego, tiros, lágrimas, gritos, lo que se les ocurra.

Es innecesario decir que el transporte público en nuestra ciudad está en crisis, basta con usarlo, basta con prender la televisión o la radio a la mañana y ver cómo se congestionan las avenidas y los accesos a Capital. No hay día de semana en que las gráficas no estén en rojo, en que las voces no sean de alerta. Los que pueden eligen viajar en auto, perder tiempo, gastar muchísimo, buscar dónde estacionar, ensuciar: no tiene opción, realmente. Para entenderlo, basta con entrar a Viajé como el or**, el blog de la infatigable Candelaria Schamun, basta con intentar realizar una denuncia en el poco amistoso sitio de la CNRT. O mirar todas las indicaciones y avisos que se le dan a un turista que planea viajar a Buenos Aires y sobrevivir a nuestros trenes y colectivos.

Las megalópolis son un fenómeno del tercer mundo, y en ellas el transporte público cobra una importancia vital, mucho más vital que en las grandes capitales de los países industrializados, que sin embargo, lo han resuelto de un modo eficiente, cada una con sus particularidades, pero repitiendo la fórmula: grandes inversiones y reinversiones, anticipación a las crisis, educación del público. Las bicicletas en Amsterdan, el sistema de peajes de Londres, el muchas veces distinguido U-bahn de Berlín.. los ejemplos se acumulan, mientras en nuestra ciudad el gobierno se debate entre promesas y medidas tibias.

Metrovías es una empresa privada que recibe subsidios del estado nacional, esto quiere decir que los habitantes de Ushuaia o La Quiaca pagan impuestos para que los usuarios del subte en Capital paguen menos por su viaje. Y, eso sí, vayan a hacer sus denuncias a la estación Boedo de la línea E.

2 Comentarios

  • Mariano, creo que el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se debate no sólo entre promesas y medidas tibias sino también entre promesas y medidas contradictorias entre sí, como el desalojo de los cartoneros de Palermo en defensa de un espacio público “inegociable” y la cesión del centro de la ciudad a un pastor evangelista un viernes a hora pico, apenas 15 dís después…

  • Sí, Gaby.. estoy de acuerdo! La palabra es “contradictorias”. También está el carísimo tren para turistas de Puerto Madero, que ahora dicen que va a llegar hasta Retiro (ver para creer), las postergadas nuevas líneas de subte (que salen en la guía T hace varios años), los mensajes por celular para prevenir accidentes (como si eso bastara o sirviera de algo).. la lista es interminable.

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