Saturday 23 February, 2008...3:41 pm
Valores remixados
Hay quienes insisten en que los seres humanos estamos cada vez peor. Que vivimos en una época sin valores o con valores que solo logran que la civilización se hunda. Dicen que lo que prima es el egoísmo, el dinero, la delincuencia política y empresarial. Y es cierto, aunque parcialmente.
Vivimos en una época de híperindividualismo. Sin embargo, hay pensadores que aseguran que pese a que domina la lógica de los intereses individuales, también crecen como nunca las iniciativas solidarias para ayudar a los desheredados, el interés en el comercio justo, las campañas masivas para recaudar fondos para víctimas de diferentes catástrofes, las asociaciones civiles y el voluntariado.
Uno de los fogoneros de estas ideas es el sociólogo francés Gilles Lipovetsky, quien en su nuevo libro La felicidad paradójica, asegura que “estos fenómenos y muchos otros indican que la sociedad del hiperconsumo no ha conseguido disolver totalmente el valor de los principios morales (…) Por mucho que reine el ‘todo vale’, la mayor parte de los individuos tiene convicciones morales que se expresan mediante reacciones de indignación y una variedad de comportamientos ‘responsables’ o altruistas”.
Explica también que lo que está en decadencia es la influencia de lo político y los grandes sistemas de sentido. Y que al son de un mercado cada vez más poderoso también el dominio ético se amplia, lo que hace que se multipliquen los debates en torno a las biotecnologías, el aborto y la eutanasia, el matrimonio homosexual, el acoso moral, el uso del velo islámico y otros temas controvertidos.
Todo ello sucede, no porque se esté produciendo una desaparición catastrófica de los valores sino porque hay, por el contrario, una multiplicación de los sistemas de valor y una diversidad de concepciones del bien.
Lipovetsky sostiene que esto debe ser interpretado como “el signo de una sociedad liberal y pluralista en la que los valores y su expresión social se han emancipado de la autoridad de la Iglesia y la tradición. (…) La sociedad hiperindividualista no se reduce al culto obsesivo de los placeres privados, es también la sociedad en que corresponde al individuo determinar lo que debe hacer, inventando las reglas de su propia conducta”.
Me gusta la idea de vivir en una época responsable y altruista. Celebro la idea de la diversidad, de que podamos elegir y de que ser concientes de nuestros actos sea un signo de los tiempos. Me pregunto si será verdad. Y me contesto que si no lo es, merecería serlo. Como dicen los españoles: “vayamos a por ello”.
La foto que ilustra este post es de Wangari Maathai. Esta keniana recibió el Premio Nobel de la Paz en 2004 por su trabajo con mujeres de aldeas africanas, con las que plantó más de treinta millones de árboles, con lo que cambió el clima y la calidad de la tierra en algunas regiones. ¿No es absolutamente luminosa?


Imprimí estos carteles para ayudarte a recordar cómo separar la basura.
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1 Comentario
February 24th, 2008 at 9:54 am
“Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu actuación se convierta en una ley universal”. Esta es una posible formulación del famoso imperativo categórico -http://es.wikipedia.org/wiki/Imperativo_categ%C3%B3rico- que el filósofo Immanuel Kant enunció en su Fundamentación de la metafísica de las costumbres, publicada en 1785. Tras dos siglos y cuarto de idas y vueltas, tal vez éste sea un buen momento para comenzar a “ir por ello”, ¿no?
Me encantó el post, Ale, y… ¡qué así sea!
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