Thursday 31 January, 2008...6:35 pm

Agua que has de beber…

“¡Qué calor, por Dios!” , “Ojalá que afloje un poco con la lluvia”, “No se puede salir a la calle porque te cocinás”… ¿Cuántas frases de este tipo hemos escuchado durante el verano porteño en taxis, ascensores, verdulerías o bares?
El calor es insoportable, nos sentimos débiles, ¡¡nos baja la presión!!
Los que saben aconsejan: Para evitar el golpe de calor hay que tomar mucho líquido.
Y así, todos consumimos litros de agua mineral, aguas saborizadas, gaseosas de todo tipo…

¿Cuántas botellitas usaste durante este mes?

Yo un montón, y en mi casa muchísimas… Lo sé porque las fui recolectando en una bolsa. Inmediatamente me convertí en “la loca ecologista”, “la exagerada”, “la pesada de las botellitas”… No sabía muy bien qué iba a hacer con ellas pero mientras las tenía aparte en un rincón de la casa.
Llegó un momento en que la cosa se puso un poco complicada, demasiadas botellas recolectadas y una frase: “Hacé algo con estas botellas o las tiramos ya mismo”.
Sí, las botellas ocupaban demasiado espacio y la paciencia de las personas que viven conmigo llegaba a un límite.

Era hora de averiguar qué hacer.

Lo primero que se me ocurrió fue entrar al sitio de mi municipio, que es San Isidro. Por suerte encontré algo interesante: una campaña llamada San Isidro Recicla. Una buena idea y bien explicada en 4 pasos: Separar, lavar, aplastar e identificar las bolsas con un sticker.

Pero.. ¿dónde están los stickers?

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Hice un llamado telefónico para averiguarlo, y luego de que me pasaran con 4 sectores diferentes di con la persona que me podía asesorar sobre el tema.

La ansiedad por encontrar la mejor manera de deshacerme de todas esas botellas plásticas hizo que se me pasara por alto un importantisimo detalle: mi casa está exactamente a una cuadra del límite de la zona de recolección, y es por eso que no me repartieron los stickers de la campaña. “Es que se trata de un programa piloto” me dijo la señora con más burocracia que empatía.

Le pedí si por favor me podían alcanzar stickers para identificar mis bolsas, y yo las colocaría en la puerta de alguna casa de la zona correcta, accedió con el mismo entusiasmo con el que me comentó “La campaña dura hasta abril, pero la gente no se engancha…”.

¿Qué habrá que hacer para lograr que todos tengamos ganas de modificar nuestros hábitos?

¿Por qué los temas sobre medio ambiente son tratados de una manera tan solemne? Los contenedores de residuos diferenciados de Capital Federal son un ejemplo rotundo: grises, mimetizados con el pavimento y con frases poco cotidianas: “Residuos secos”, “Residuos húmedos”.

Es un poco triste, pero todavía no sé bien que responder cuando alguien me dice: “Reciclar es complicado y aburrido”.

¿Qué podemos hacer?

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