Con su post “¿Nace un nuevo capitalismo?”, Ernesto van Peborgh generó una seria de conversaciones y reflexiones hacia adentro de Odiseo, que me gustaría llevar hacia afuera.
Todas mis reflexiones parten de una convicción: la de desear que aquello que venga luego del capitalismo sea un modelo más justo y equitativo, ambientalmente sostenible y libre. Resumo ese modelo en el concepto de desarrollo sostenible.
Partiendo de ese deseo (de esa ética), me puse a bucear un poco más en cómo podría ser esta economía, qué características tendría y cómo se daría esa transición.
Entiendo que el cambio puede emerger a partir del cruce de dos ejes: la necesidad y la posibilidad. La necesidad está dada por dos grandes crisis que hacen que la invención de un nueva forma de producir y consumir no sea una opción: la crisis ambiental y la crisis financiera.
La posibilidad es aquella que permite vislumbrar la aparición de nuevos modelos de producción de valor como el “peer production” (software open source) e iniciativas de construcción colectiva como Wikipedia.
¿Puede acaso el cruce entre estos dos ejes desencadenar el cambio en el sentido del desarrollo sostenible? ¿Me equivoco en pensar que el zeitgeist de este tiempo implica el cruce de estos dos ejes?
Socialismo revisado
Buscando comprender las implicancias de esta nueva economía, leí con mucha curiosidad el artículo “The new socialism: global collectivist society is coming on line”, de Kevin Kelly en Wired. En él, el autor plantea que estamos cerca de una nueva economía que llama “socialismo revisado”, que define a partir de lo que denomina “Colectivismo on line” Wikipedia, Creative commons, Digg son todos ejemplos de espacios en la web que funcionan a partir de la acción colectiva de muchas personas.
Socialismo tradicional vs Nuevo socialismo
Granjas colectivas ————————————mundos virtuales colectivos
Fábricas estatales ————————————“desktop factories connected to virtual co-ops”.
Burocracia estatal ———————————- meritocracia (“Donde lo único que importa es que las cosas se hagan”, dice).
Producción nacional —————————— Peer production.
“Uso el término socialismo porque es la mejor palabra para expresar una variedad de tecnologías que se basan en interacciones sociales. (…) Cuando masas de personas que son dueñas de los medios de producción trabajan juntas hacia un objetivo en común y comparten sus productos, cuando trabajan sin esperar un salario a cambio y disfrutan del resultado, no es irracional hablar de socialismo”, dice Kelly.
Luego, utiliza la clasificación de Clay Shirky que ya me llamó la atención en el pasado, para tipificar estas formas de colectivismo on line.
1° Compartir. ¿Qué compartimos? Fotos en flickr, videos en You Tube, bookmarks en delicious. Problema: ¿el hecho de que flickr, You tube y delicious sean propiedad de grandes empresas como Google o Yahoo… ¿no invalida la creencia en este supuesto socialismo? Creo que sí. Porque lo convierte en otra cosa. En algo que no se define por la ausencia de empresas o capitales privados. Es otra cosa. Pero sigamos con la clasificación de Shirky.
2° Cooperación. Se define cuando el producto de la acción de muchos individuos genera algo valioso que nadie podría haber desarrollado individualmente. Por ejemplo, la folksonomía en Flickr.
3° Colaboración. Esta instancia ya puede ser relacionada con una nueva forma de producción más compleja, la llamada peer production. Como diría Shirky, estas formas colaborativas de producción demuestran que no hace falta una empresa (en su sentido tradicional) para crear un bien de uso valioso como software (Linux Apache) o una enciclopedia en muchos idiomas (Wikipedia). ¿Qué hay de novedoso en estos modelos? Todo. Los emprendimientos de esta complejidad sonen general encarados por fundaciones, no por empresas tradicionales como Google o Yahoo. La propiedad del software resultante es compartida por toda la comunidad de desarrolladores. Nadie cobra un salario. Las licencias GNU y Creative common fueron diseñadas para dar un marco normativo a estas formas de producción novedosas.
4° Colectivismo. En esta instancia, el autor describe una serie de organizaciones que mezclan los beneficios de la colaboración de muchas personas con las jerarquías. 250.000 personas están en este momento trabajando en 275.000 proyectos de software libre. Esto equivale a todas las personas empleadas por General Motors, plantea Kelly. Y agrega: millones de personas cada día están haciendo cosas sin esperar nada a cambio, están compartiendo cosas, usando cosas gratis, participan en proyectos que requieren tomas de decisiones entre muchos, etc.
El principal problema de este artículo de Wired es que ve lo que todos estamos viendo -la emergencia de una nueva economía- pero no explica cómo funciona, cómo podría ir ir más allá de algunas industrias culturales, cómo impacta finalmente en el resto de la economía.
Tampoco me parece feliz la expresión “socialismo” para dar cuenta de algo tan novedoso. Ni capitalismo ni socialismo, los desarrolladores de software libre están inventando algo nuevo, igual que en el siglo XIV, el comerciante genovés estaba inventando el capitalismo sin saberlo. De más está decir que la forma en que define el “viejo socialismo” es bastante rudimentaria y la línea de tiempo – donde coloca dentro del mismo eje el Manifiesto Comunista de Marx & Engels con Facebook- una pavada.
Al autor de este artículo le sería útil leer a David de Ugarte, quien en El Poder de las Redes describió el ecosistema de las redes y las formas de poder que emergen de una red distribuida, tal como está haciendo posible la web.
Más allá de qué nombre le pongamos, la pregunta, para mí, es cómo esta nueva economía puede ayudar a hacer realidad el desarrollo sostenible.
Si la ética del capitalismo era maximizar el beneficio económico, ¿cuál es el fin de esta economía de las redes? ¿Producir cosas gratis? Debería ser más que eso…
No estamos solos en esta pregunta. Es la misma que se hace Al Gore (ver este artículo) cuando plantea que la web 2.0 necesita un propósito.
Si Kiva.org inventó el peer-to-peer lending, ¿Podemos pensar cómo estas prácticas colaborativas harán realidad el desarrollo sostenible?
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