September 1 , 2010
Hacé más ruido que no te escucho – Parte I
Ayer estuvimos con Vic C en Pecha Kucha Night!. Me arrepiento del (miedo al) snobismo que hizo que me perdiera los 17 otros volúmenes, un zapping inspirador en vivo nunca mejor pensado.
Gastón Silberman tiene 38 años y pertenece a la generación que llama “mutante” porque atravesó su infancia y juventud sin cosas como los medios digitales y hoy, acostumbrado, adaptado o resignado, es un tipo hiperconectado, quizás a su pesar. Conversando con su no menos frondosa psicoanalista Vivian Löew proponen algunas hipótesis sobre qué le está provocando a la individualidad esto de ser digital. Sin Cortinas, Conversaciones sobre el ser humano digital se puede descargar gratis online.
Con unas 15 páginas leídas me da la sensación de que yo, sin ser nativa digital, debo ser una mutante de segundo orden, algo así como una criatura suavizada, fascinada, inclinada por los nuevos medios digitales, sin todavía decir que definen mi naturaleza. Silberman, en cambio, está bastante más escandalizado y alerta sobre el impacto de esta superconexión y estas son algunas líneas de lo que piensa:
- El ser humano se ha convertido en un espectáculo cuyo principal contenido es su propia cotidianeidad.
- Nos acostumbramos a convivir con el ruido de la información, no tenemos la posibilidad de desechar un montón de datos que no necesitamos.
- El individuo establece su autoestima a través de la comparación con otros, pero ahora los vecinos (los otros) son tantos que uno pierde la noción de sí mismo.
- Nos convertimos en espectadores de un montón de situaciones virtuales de todo tipo, pero ninguna de ellas nos crea una emoción, o más bien nos crea un emoticón.
- El silencio es vivido como un vacío y por eso lo reemplazamos con el enorme aparato de la hiperconexión.
- Pareciera ser que lo que está en crisis, lo que hay que disimular es lo que nos hace humanos.
- La novedad es tal mientras no la conozco, pero en el momento en que la conozco se convierte en basura, en descarte.
Por instantes acuerdo con esa visión de lo constante, lo público y lo espectacular que nos proponen las redes sociales. Alguien dijo: “En el futuro todos tendremos 15 minutos de anonimato”. Pero esta espectacularidad ruidosa y casi siempre vacía a mí me la propuso la televisión y es hoy la que sigue sin descubrir el extenso potencial de pensar mejor de sí misma.
La Web 2.0, en cambio, siempre se tuvo en alta consideración: si un poco le importa el status de celebridad, la pérdida de la intimidad y el comentario permanente, en especial se jacta del cambio cultural, de transformar las comunicaciones y los mercados, de crear autores donde había espectadores, de empoderar el contenido original, de descubrir tantos mundos como resultados en Google.
Los aspectos más tristes de nuestras interacciones online los atribuyo a aquello que siempre nos hizo humanos: la necesidad de pertenecer, el desprecio por lo imperfecto, la búsqueda del impacto. Eso ya estaba de antes.
Las comunicaciones, por otro lado, siempre estuvieron en evolución. En ningún momento dejaremos de apreciar los besos y los abrazos, pero el futuro siempre estará invadido por cosas que antes nos parecieron absurdas. La esencia de lo que somos difícilmente pueda cambiar: somos nosotros los que a veces hacemos ruido y otras veces escuchamos, virtual y auténticamente.










Imprimí estos carteles para ayudarte a recordar cómo separar la basura.
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