
El amor y la belleza son conceptos que uno no sabe muy bien como comenzar describir y en general cualquier intento narrativo que no aspire a convertirse en una carta genuina de amor o una bella poesía puede resultar en palabras sueltas sin sentido descasadas del aquel sentimiento original que las inspiró.
Pero así como resulta tan difícil describirlos, son vivos y tan evidentes cuando están presentes. Cuando se manifiestan, cuando cautivan nuestro corazón, su experiencia no deja lugar a dudas, vibramos, nos iluminamos, y despiertan en nosotros sentimientos que dan cuenta que estamos vivos.
En Odiseo, en las últimas semanas hemos tenido el desafío, y la suerte, de intentar entender el amor y la belleza. Nos propusimos descubrir aquellos estímulos que nos despiertan al amor y nos invitan a contemplar la belleza, con el objeto de pensar la posibilidad de crear espacios donde estos sentimientos puedan ser construidos.
Claramente no existe una formula para inspirarlos pero pareciera existir un principio bajo el cual ambos estados se manifiestan. La verdad es el componente subyacente en ambos.
Platón afirmaba que contemplar la belleza es una manera de contemplar la verdad, y que el amor por la verdad se despierta con la contemplación de las bellas ideas.
Para que se den estos sentimientos(1) debe existir un marco de verdad. Lo genuino es bello por su condición de verdadero y autentico, y el amor es tal cuando se compromete a la verdad.
La inocencia en la sonrisa de un niño o la caricia de una madre son manifestaciones de la verdad que despiertan en nuestro interior una belleza natural innata. Son encuentros entre el amor experimentado y el nativo, que nos tocan y conmueven, porque son en realidad parte de nuestro ser verdadero. Nos inspiran, y despiertan en nosotros la esencia misma de la divinidad y hacen de nuestro corazón un motor amoroso y de nuestra mirada un censor activo capaz de captar lo bello que existe en lo todo lo que nos rodea.
Si bien es difícil transmitir amor y se requiere de un talento único para transmitir la belleza, no debería implicar un desafío tan grande crear espacios de interacción comunitaria donde podamos ejercer la verdad.
La Web permite la creación de esos espacios. A medida que la revolución social impone su nuevo modelo de comunicación, florece un nuevo paradigma de comunidad y de construcción colectiva que va reformulando la estructura de nuestra consciencia y, guiado por los códigos del ADN subyacente, caracterizado por la transparencia y la honestidad, hace que nuestros lazos y relaciones sean más auténticos. La transparencia y la confianza determinan esta nueva manera de comunicarnos, y la espontaneidad y la participación hacen más autentica nuestra identidad. La verdad comienza a construirse a medida que esos lazos sociales y las relaciones personales comienzan a cobrar cada vez más confianza.
¿Podrá el amor y la belleza florecer en estos espacios?

Yako y Lula Filosofando sobre el amor.
(1)Considero a la belleza no solo un estímulo sino también un sentimiento: la belleza es generadora de por sí una serie de sentimientos, todos de ellos bellos.
Como inspiración recomiendo el libro de John O´Donohue, Beauty, The invisible embrace
Sin Comentarios